La muerte es una etapa, o más bien, el fin de ellas, en la que todas las funciones vitales de un ser vivo dejan de funcionar. Es algo muy aterrador para la mayoría de las personas, y sin embargo, es la única cosa que con certeza nos va a pasar. Así bien, en los últimos años, se ha tratado de mejorar la calidad de vida de aquellas personas que ya están cercanas a la muerte, a lo que se le refiere como una buena muerte, en la que la persona que va a morir, y aquellos cercanos a ella, evitan malestar y sufrimiento excesivo.

El duelo es “el proceso por el cual se resuelve el dolor”. Al resolver y aceptar la muerte de un ser querido, se encuentran formas simbólicas de mantener a esa persona viva. La duración del duelo no está predeterminada; sin embargo, en América y en general en las culturas occidentales, se espera que los familiares que están viviendo el duelo, después de algunas semanas regresen a sus vidas normales. Aunque no estén recuperadas totalmente, pueden seguir con sus vidas, y del mismo modo, seguir procesando la muerte de alguien cercano.

El duelo tiene que distinguirse con sus reacciones normales de un trastorno depresivo mayor.  Es importante conocer que pueden existir dentro del duelo  síntomas depresivos.

Algunas de las diferencias más importantes son que en el duelo, las personas tienen síntomas de un trastorno depresivo, pero no hay sentimiento patológico de culpa, retraso psicomotor, o hasta ideación suicida, así como disforia desencadenada por pensamientos del difunto, la duración de síntomas es de menos de 2 meses, el deterioro funcional es leve y transitorio, etc., mientras que en un trastorno depresivo mayor la disforia (una emoción desagradable)  es independiente de pensamientos del difunto, inicia en cualquier momento, puede ser crónica, y provoca malestar y deterioro significativo.

De igual manera, puede presentarse un duelo complicado, que se describe como anormal, traumático, no resuelto, entre otras cosas. Hay 3 patrones de síndromes de este tipo de dolor: crónico (más frecuente cuando el difunto y la persona afectada eran muy cercanos), hipertrófico (normalmente este síntoma aparece después de una muerte súbita e inesperada), y diferido (dolor que parece ser ausente o inhibido). Estos síndromes pueden afectar la resolución del duelo, y pueden afectar de manera muy extensa a las personas que lo sufren.

Finalmente, una enfermedad psiquiátrica que acompaña al duelo también común es el trastorno de estrés postraumático. Los seres queridos de alguien que murió por una muerte violenta y antinatural, como un homicidio, un suicidio, o un ataque terrorista, tienen más probabilidades de padecer de este trastorno. Aunque no se tiene un estudio extensivo sobre esta afección dentro del contexto del duelo, muchos expertos coinciden en que primero se tiene que tratar el trastorno, con medicamentos y terapia, para finalmente poder resolver el duelo.

Así bien, es muy importante saber diferenciar un duelo normal de uno complicado o de un trastorno mental. Siempre que se identifique uno de éstos, tiene que asistirse al médico familiar, que puede referirlo con un especialista, o ya bien contactar a un psicólogo que pueda determinar si es algo patológico o no.

Etapas del duelo

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross estudió la muerte por mucho tiempo y determinó que hay 5 reacciones que aparecen frecuentemente en las personas que están esperando morir, o ya bien, que son cercanas a aquella persona que va a fallecer o ya lo hizo. Estas etapas no siempre siguen una secuencia fija para todos, pero normalmente suceden de la siguiente manera:

  1. Negación: usualmente la primera reacción a una pérdida es el shock, donde las personas se encuentran aturdidas a las noticias, y posteriormente se rechaza.
  2. Ira: las personas se pueden encontrar irritadas o frustradas. Esta ira puede dirigirse a Dios, a su suerte, a sus amigos y familiares, o a sí mismos. Puede incluso dirigirse al personal médico.
  3. Negociación: se intenta negociar con el médico, amigos, o con Dios en cumplir ciertos tratos para que la persona en estado terminal pueda recuperarse, o en el caso de que alguien ya falleció, imaginar qué pudieron haber hecho diferente para evitar esa muerte.
  4. Depresión: se muestran síntomas depresivos como retraso psicomotor, problemas de sueño, retraimiento, etc. Como ya se aclaró anteriormente, puede haber un trastorno depresivo que tenga que tratarse, pero en general, es una tristeza no patológica que no necesita tratamiento para poder resolverse.
  5. Aceptación: los pacientes terminales o los familiares de un difunto aceptan que la muerte es inevitables y universal. Se regresa a un estado de ánimo normal, o incluso a veces eufórico. Es común que aquellos con creencias religiosas y convicción de que hay vida después de la muerte encuentren consuelo en éstas.

Referencias

Sadock, B. J., Sadock, V. A., Ruiz, P., & Virginia A. Sadock. (2015). Kaplan & Sadock. Sinopsis de Psiquiatría (11.a ed.). Alphen aan de Rijn, Países Bajos: Wolters Kluwer.

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